ANTECEDENTES HISTÓRICOS DE LA HERMANDAD DE LA CRUCIFIXIÓN:
LA QUINTA ANGUSTIA
Los orígenes de la Hermandad de la Crucifixión del Señor se remontan a la extinguida archicofradía penitencial de la Quinta Angustia y Soledad de Nuestra Señora, fundada en la parroquia de Santa Maria de Mediavilla, el uno de mayo de 1574. En una etapa en la que Castilla pasó del esplendor, en el siglo XVI, por ser la cabeza de la Corte, del comercio, del centro de la sociedad; a la decadencia y perdida del protagonismo internacional en la centuria siguiente, por la crisis económica, la presión fiscal, las guerras, la peste y las hambrunas. Años de plena actividad y desarrollo de la Quinta Angustia, en los que se edificaron el hospital, la iglesia, el salón de pasos, las estancias menores, así como los pasos que protagonizan la procesión del Viernes Santo en la actualidad. Rioseco ya no será el lugar al que acudan los grandes mercaderes del Renacimiento. La actividad ferial se redujo al abastecimiento de cereal a Madrid y al comercio entre el norte y sur peninsular. El Almirantazgo de Castilla de los Enríquez perdió el poder logrado con el respaldo a la monarquía en la Guerra de las Comunidades, al posicionarse en contra de Felipe V en la Guerra de Sucesión.
La Quinta Angustia debió estar originariamente formada por diferentes grupos gremiales comprometidos con el culto común hacia Nuestra Señora de la Soledad. La situación coyuntural permitió que pronto fuera adquiriendo propiedades, donaciones como la de Inés de Colmenares, en 1591, y recursos suficientes como para afrontar proyectos, servicios benéficos y la construcción de sede propia. Artistas afamados de la época fueron llamados para trabajar en la construcción y ornato de un complejo arquitectónico capaz de satisfacer las necesidades de la cofradía.
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En pocos años, los hermanos pudieron erigir ermita en las inmediaciones de la iglesia de Santa María, acaparar patrimonio mueble e inmueble, poder económico y religioso e influencia social que no gustó al cabildo de la iglesia de Santa María, de la que dependía eclesiásticamente, cuyos recelos dieron lugar a la limitación de sus competencias. El cabildo contrató a artistas relevantes para la construcción del hospital para atender a enfermos pobres, paneras, bodega, sala de cera, salón de cabildo, capilla en donde oficiar los cultos sagrados, almacenes y un salón para guardar los pasos procesionales. Este último ha sido el único edificio que ha perdurado en el tiempo, reconvertido en capilla para el culto y la veneración de los pasos de la Crucifixión y el Descendimiento.
También surgió la rivalidad con la otra cofradía local, de mayor poder y antigüedad, la archicofradía penitencial de la Vera Cruz, a la hora de definir el protocolo en las procesiones de Semana Santa y cuando los actos litúrgicos y civiles así aconsejaban la presencia de ambas cofradías, resuelta con la firma de una concordia en 1596.
En 1799 el visitador del obispado de Palencia, diócesis de la que dependía Rioseco hasta la reestructuración en 1955 que pasó a Valladolid, pone de manifiesto que la Quinta Angustia estaba en decadencia. Las desamortizaciones de Godoy, en 1798, y la posterior de Mendizábal, en 1838, junto a otros factores internos diezmaron los recursos patrimoniales a las cofradías riosecanas con los que poder ejercer la histórica labor asistencial y devocional. En el siglo XIX la situación de las cofradías no mejoró. La invasión francesa, de 1808, causó numerosos expolios y destrozos en los edificios civiles y religiosos. La cofradía de la Vera Cruz, sufrió daños que la obligaron a trasladar a la Quinta Angustia, en 1814, algunos de sus pasos. Las grandes cofradías desaparecieron pero no las procesiones ni los cofrades, ya que, seguramente, las unidades gremiales se segregaron en cofradías menores.
La Quinta Angustia se dividió en las hermandades de la Crucifixión del Señor, Descendimiento de la Cruz, Santo Sepulcro y cofradía de la Soledad. Los dos conjuntos procesionales de mayores proporciones: la Crucifixión y el Descendimiento permanecerán custodiados, hasta la actualidad, en el salón de pasos trasformado en capilla en 1918 y sede de ambas cofradías. La tarde de Viernes Santo los hermanos unidos por la fe, la tradición y el sacrificio sacan a pulso de la capilla, casi a ras del suelo, los pesados pasos, lo que hace ser uno de los momentos de mayor interés y expectación de la Semana Santa. A los conjuntos anteriores se unieron la Virgen de la Piedad y los Cristos de la Paz y de los Afligidos. La Vera Cruz, adscrita a la parroquia de Santiago y la Cofradía de la Pasión, de la parroquia de Santa Cruz, también se dividieron. Desde entonces y hasta la agrupación, en 1958, año en el que la Procesión de la Pasión del Viernes Santo por la mañana pasó a desfilar el Jueves Santo, en la Procesión del Mandato desde Santiago, los pasos de la Oración en el Huerto, Flagelación, Jesús Atado a la Columna, Ecce Homo, Nazarenos de Santa Cruz y Santiago, Santa Verónica (incorporado recientemente), Desnudez, Cristo de la Pasión y Dolorosa recorren y dan vida a unas imágenes nacidas de las gubias de los mejores artistas de la época, por las angostas y porticadas calles riosecanas.
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