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Al aire de mi aire (El Mundo de Valladolid, 1 de Abril de 2009)

Godofredo Garabito
 
Medina de Rioseco vive con espectacularidad religiosa su Semana Santa. Esto se empieza a notar desde el momento en que pintores, poetas, literatos y teólogos ponen sobre el tapete devocional los temas relacionados con la misma.
Así, por ejemplo, se celebran conferencias, se proyectan vídeos, se dan conciertos musicales. Este año ha tenido especial resonancia la presentación de la novela ‘El Descendimiento’. Pero en esta Cuaresma, incluso la música ha revestido un especial acontecimiento.
Pablo Toribio Gil, hijo de Rioseco, musicólogo, ha compuesto una marcha fúnebre para el ‘baile’ del Paso de Longinos. Aquí, la juventud, el amor a su patria chica, su religiosidad y su talento han compuesto una pieza de unos minutos para crear emoción, haciendo vibrar el alma de Rioseco, que es tanto como el alma de su Semana Santa.
Unos compases primeros evocan a ‘Lágrima’ por su disposición instrumental y rítmica. Tras este breve preludio, un acorde en re menor simboliza el comienzo del ‘baile’: se trata de solemnizar la muerte de Jesús. Es decir, ese instante en el que se rasga el velo del templo y se abre el costado de Cristo... y se realiza en plenitud la Redención. El pecado entra en juego como culpa humana, por lo que el sentimiento del ritmo acompasa con el golpe de pecho que simboliza el ‘yo pecador’.
La melodía de la tercera sección de la obra admite sentimiento de la horquilla que marca, que signa el sentir de la música hermanando al pueblo cofradiero con las pétreas losas de la Rúa riosecana.
Por último, hay un pasaje grandilocuente que ayuda a los porteadores a sacar fuerza de flaqueza... y la procesión llega a su mayor nivel cuando el último acorde en Re Mayor alcanza el apoteosis de los riosecanos que portan el paso y el sentimiento. La alegría de los cofrades, la vivencia del pueblo se hermanan ante la circunstancia de que Cristo ha culminado la Redención.
El pasado día 28 de marzo, la obra de Pablo Toribio Gil se estrenó con carácter absoluto en la iglesia de Santiago de los Caballeros de la ciudad de los Almirantes.
Toda la grandeza arquitectónica y monumental, reforzada por los oros del gran retablo, sirvió de lugar para que la Banda del Regimiento Inmemorial del Rey Número 1 hiciera presente la fuerza creativa de un joven músico que ama a su pueblo... y que éste le correspondió con gran afecto, sonoros aplausos y muchas enhorabuenas.
Por ello, este Viernes Santo se hará realidad cuando por las viejas rúas suene esta marcha fúnebre y el Paso de Longinos sea ‘mecido’ o ‘bailado’ a los acordes de esta obra.
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