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HISTORIA Y LOS PROCESOS DE RESTAURACIÓN EN EL PASO DE LA CRUCIFIXIÓN DEL SEÑOR

La Hermandad de la Crucifixión del Señor de Medina de Rioseco procesiona el conjunto escultórico que simboliza el momento en el que Longinos a caballo hunde la lanza en el costado de Cristo en la cima del Gólgota. Representación religiosa iconografiada mediante la escena  en la que aparecen, a los pies de Cristo crucificado, Nuestra Señora la Virgen María, María Magdalena y San Juan; el oficial romano Longinos montado a caballo, con la lanza entre las manos, y cuyas riendas están sostenidas por el mozo de riendas o mancebón, custodiado por dos soldados o sayones con lanza. El paso fue
encargado a Andrés de Olivares Pesquera, en 1673, por la cofradía de la Quinta Angustia. El artista hizo las figuras de Cristo, Longinos a caballo, María, María Magdalena, San Juan y mozo. Las esculturas no gustaron al cabildo por lo que encargaron a Francisco Diez de Tudanca la valoración y posterior reforma, en 1675, aunque Olivares fue obligado a realizar varias modificaciones en el paso. Tudanca recompuso las figuras y añadió el mozo de riendas. Tampoco agradó a los hermanos por lo que se contrata a Tomas de Sierra, en 1696, para que aligere, de forma a las piezas, sustituya a la Virgen

María, María Magdalena y a San Juan, y añada a la composición, fuera de contrato, otro soldado.

El paso de la Crucifixión del Señor o de la Lanzada que dio Longinos a Nuestro Señor Jesucristo, desde la modificación de Tomas de Sierra hasta la actualidad, no se conocen otras alteraciones sustanciales, salvo las comunes en conjuntos procesionales de estas características. La manipulación en las procesiones, ser llevado el pesado y voluminoso conjunto a hombros por veinte cofrades, sacarle de la capilla, en donde se venera durante el año, por una reducida puerta, en relación con el volumen del paso, deriva en tener que moverle a pulso, hasta el Corro de Santa María y elevarle de forma brusca y uniforme desde las rodillas hasta el hombro para procesionar, por las angostas e irregulares calles riosecanas, al atardecer del Viernes Santo.

En el libro de cuentas de la Quinta Angustia, cofradía que contrató el paso y de la que derivaron las cofradías de la Crucifixión, Descendimiento, Santo Sepulcro y Soledad en el siglo XIX, aparecen diferentes pagos por trabajos puntuales de mantenimiento. En 1708 se compone el brazo de Longinos. Francisco de Sierra, en 1725, repasa los dedos de todo el paso. En 1735 se refuerza la cruz. En 1737 Tomas de Sierra retoca el rostro a una de las vírgenes y en 1742 se refuerzan varias piezas. En 1751 y 1768 Benavente se encargará de las pequeñas reparaciones, retoques y policromados. Seguramente en el siglo XIX también se hicieran puntuales trabajos por artistas locales o de la capital vallisoletana.

En los primeros años del siglo XX, la Hermandad de la Crucifixión del Señor repara las partes más sufridas de las esculturas. También los ocho faroles y la farola grande que adornaban y daban luz al paso. En el caballo se colocó una cabezada, donada por un hermano guarnicionero. En 1930 se reparó el brazo del judío roto durante el montaje de las imágenes en el nuevo tablero.

En 1964 los hermanos, sensibilizados con el valor artístico de la Crucifixión, retiraron los hierros de sujeción del grupo de faroles en la parte central de la escena, colocando los faroles a los extremos del tablero. En 1972 el vallisoletano Mariano Nieto elimina las diferentes capas de suciedad y añadidos hasta descubrir la policromía original oculta bajo repintes, estucos y ceras protectoras aplicadas a lo largo de los años. Una vez obtenida la base original procedió al tratamiento contra los xilófagos, la retirada de clavos y pletinas utilizadas para reparar y reforzar las zonas dañadas, sustituidas con implantes de madera similares a las originales y de mayor consistencia. Sellado de grietas y reposición de los dedos. Reintegración de las lagunas cromáticas siguiendo los criterios de fidelidad al original y al temple. El resultado final alcanzado logró apreciar los detalles pictóricos, los volúmenes y la riqueza cromáticas de las esculturas ocultas bajo pátinas oscuras.

En 1995 el conjunto procesional de la Crucifixión se interviene para frenar el deterioro sufrido con los años. La climatología de la capilla y la manipulación procesional han causado agrietamientos, desencoladuras y desconchados en las imágenes. La primera fase comienza en 1997 con la restauración de Longinos, el caballo y los dos sayones o lanceros por la técnico Mónica Oyón. El trabajo estuvo enfocado a la fijación de la policromía, la consolidación del soporte, tapado de grietas, injertos y encolado de piezas sueltas. La policromía presentaba pequeñas perdidas, bufados y oxidamiento de los anteriores barnices por lo que hizo necesario consolidar la policromía y la limpieza, la eliminación de repintes y barnices, el rellenado de faltas de policromía y la reintegración cromática imitando la tonalidad original, para concluir con la aplicación de una capa final de protección. También se observaron deficiencias en la forma de sujeción de las piezas al tablero, que estaban causando daños estructurales, corregidas con técnicas de espigado y anclaje.
La segunda fase se debió a las restauradoras Gloria Martínez y Luisa Pérez en 1999. El estudio preliminar mostró las patologías sufridas en las piezas, los diferentes procesos restauradores, las alteraciones naturales de los materiales empleados, así como la forma de trabajar del artista. La talla de Cristo clavado en la cruz presentaba alteraciones en los anclajes y ensambles debido al volumen y las tensiones que provoca la procesión. Una vez desinsectada se procedió a la consolidación del lateral derecho, brazos, espalda y cierre de fisuras. La policromía de la espalda estaba cuarteada. El color fue asentado con colas animales y se eliminó el yeso en las grietas corregidas en anteriores intervenciones porque ocultaban la pintura original. Eliminación de retoques, nivelado de las pérdidas con estuco y reintegración con acuarela y barniz para dar una uniformidad cromática.

El mancebón de madera de pino ahuecada, encolados en arista viva y reforzados con clavos, a los que se añadió posteriormente espigas y lazos de madera, está anclado por los pies al tablero y con el brazo al caballo, lo que le hace ser vulnerable al contraste de fuerzas durante la procesión. El área del torso y hombro es la que más ha sufrido pese a intentos de subsanado con refuerzos de espigones y lazos. Rellenado de las grietas con chuletas de madera blanda y dos toledanas para grapar los bloques. Una vez sometido a tratamiento contra xilófagos y a la eliminación de pátinas artificiales, se sellaron las grietas de los hombros, de la espalda, costado y pantalón. Las policromías originales, al temple de huevo y al óleo en las carnaciones, afloraron al retirar las pátinas artificiales, apareciendo dos gotas de sangre en el cuello. Asentado y reintegración cromática con técnicas de estarcido, acuarela y barniz protector.
La Virgen María está construida con maderos de pino cuadrangulares, ensamblados con aristas al vivo, vaciadas de forma uniforme; pañuelo y manos talladas a parte y ensambladas antes del policromado. El trabajo se limitó a la corrección del anclado al tablero, volviendo a utilizar los dos tornillos y no uno, lo que podría haber causado el agrietamiento del pie. Las fisuras en codo derecho y cara, fruto del propio comportamiento de la madera, fueron nuevamente saneadas. La policromía se consolidó con asentados puntuales de color, nivelado de aparejo en faltas y eliminación de pátinas.

Maria Magdalena está construida con bloques ortogonales de madera de pino encolados en unión viva y ahuecados; las manos talladas por separado y ancladas con espigas. La escultura tiene forma piramidal y está arrodillada a los pies de la cruz. También tenía pequeñas grietas en los bloques, selladas una vez espigadas las manos. Sentado puntual del color, reposición de lagunas y capa de protección optando por no sacar el policromado original ante posibles zonas erosionadas.

San Juan está formado por bloques de madera cuadrangulares de pino ensamblado en aristas viva y con un vaciado cuidado. Policromía original al temple graso de huevo en el manto, en las carnaciones y repintes en túnica con restos de cera. En el interior de la pieza se disponen fragmentos de lienzo encolados en la zona de nudos. El análisis incidió en los agrietamientos del brazo derecho y la mano, piezas ahuecadas por el movimiento, al sobresalir del tronco. Una vez desinfectada y limpiada el color se asentó y las lagunas se nivelaron con aparejo y acuarela reforzada con capa de protección final de barniz.

En el año 2006, por medio del acuerdo suscrito entre la Junta de Castilla y León y la Junta Local de Semana Santa para la restauración del patrimonio histórico de Semana Santa, la Hermandad de la Crucifixión solicita un informe valorativo del estado del paso ante la aparición de algunas leves patologías propias del comportamiento de la madera y del uso. Los trabajos, dirigidos por Clemente Nicolás, estuvieron enfocados a la consolidación, asiento y fijado de aparejos y policromías, cerramiento de fendas, encolado de piezas sueltas y colocación de un cuarto punto de sujeción en la espalda de Cristo a la cruz. La grieta en la cabeza de San Juan y las oquedades en el cuello del caballo fueron selladas. La Virgen María y María Magdalena presentaban pequeños desperfectos y arañazos superficiales. Finalizó con la limpieza de la brida del caballo para descubrir el estofado dorado original.

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