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biografiaautoressierra

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T1       Nacería hacia 1654 en Santalla (El Bierzo. León), obispado de Astorga, siendo hijo de Baltasar de Sierra Vidal y de Catalina Rodríguez. Después de haber estado avecindado en Valladolid, marchó a vivir a Medina de Rioseco donde, el domingo 5 de enero de 1681, contrajo matrimonio en la parroquia de Santiago con Inés de Oviedo Calla natural de esta última población. El matrimonio tuvo diez hijos de los cuales siete fueron varones y se llamaron respectivamente: Francisco, que poseyó la condición de clérigo presbítero y además fue escultor, Baltasar que debió morir muy niño, Tomás que fue pintor policromador, José igualmente escultor. Jacinto que abrazó la religión franciscana y fue ensamblador. Manuel muerto también siendo aún niño, y Pedro que sería asimismo excelente escultor, además de tres hembras: María y Manuela, fallecidas muy niñas, y Josefa que se casó el 27 de octubre de 1709 con el zamorano Cayetano Carrascal Álvarez quien trabajaba «en el ejercicio de escultor en las casas de los dichos sus suegros, después que salió de aprendiz.

La familia de Tomás de Sierra vivía en sus casas propias de la entonces denominada calle Carpintería, situada en la parroquia de Santa María, y contaba con una vivienda que disponía al menos T3de una sala principal, sala segunda, taller, sala baja y otro cuarto en el que vivía de forma independiente el hijo mayor sacerdote. El escultor falleció en la madrugada del día 23 al 24 de enero de 1725, hacia las 6 horas de la mañana, sin hacer testamento, enterrándose su cadáver el día 24 en la iglesia parroquial de Santa María. D. a Inés de Oviedo falleció el 22 de diciembre de 1732 y fue sepultada también en la misma iglesia de Santa María.

La enumeración de los hijos de Sierra que se dedicaron al arte permite inmediatamente pensar en el mantenimiento de un taller familiar con gran capacidad para absorber encargos, debido al número de integrantes y al grado de especialización. Incluso, ostentando uno de ellos (Francisco) la condición sacerdotal y siendo otro (Jacinto) miembro de una orden religiosa, las garantías de recibir contratos se verían notablemente incrementadas. No obstante, en el momento de contratar el grandioso retablo mayor del templo de Santiago(1704), Tomás de Sierra se vería auxiliado, además de por numerosos oficiales, por su hijo mayor Francisco que contaba entonces 23 años, y por el que sería su yerno Cayetano Carrascal, no pudiendo intervenir en este encargo sus restantes hijos por ser aún muy jóvenes.

T5Artista extraordinariamente prolífico, su catálogo de obras está todavía por precisar pero documentadas se encuentran al menos las siguientes: con el ensamblador Alonso del Manzano trabajó en el retablo de la ermita de la cofradía de la Quinta Angustia de Rioseco (1692); retocó varias esculturas, aligerando el «paso» de Longinos y haciendo las esculturas de Nuestra Señora, San Juan, la Magdalena y un soldado (1692); hizo un Santiago matamoros, para el retablo de Villalba de los Alcores (1692-1693); a Villagarcía de Campos envió un Niño de Pasión (1694) por el que cobró 370 reales ;200 de madera y peana; 110 de encarnación y 60 de ojos, lágrimas, cabellera, camisa y cintas; así como numerosas esculturas para la capilla del Relicario (1695); trabajó las esculturas del retablo de Villalón S. Pedro, S. Andrés y S. Pablo, Asunción y ángeles (1696); otros cinco santos jesuitas para Villagarcía de Campos (1699); las esculturas del retablo de Villamuriel de Cerrato S. Lorenzo y S. Francisco de Paula y relieves (1699); los Padres de la Iglesia del retablo de Baquerín de Campos; las de San Juan Bautista y Santa Inés para Castroponce (1703); toda la escultura del mencionado retablo mayor de Santiago de Medina de Rioseco (1704); un Crucifijo, San Francisco Javier y San Antonio de Padua para Rabanales (1713); las esculturas del retablo mayor de Valverde de Campos (1714); un Cristo con la cruz a cuestas para la Cofradía del Nazareno de Palencia (1716); las esculturas del retablo mayor de Herrín de Campos (1720); una Asunción para el retablo de Valdearcos de la Vega (1724), etc. Más otras muchas atribuidas.

Solamente en el momento de fallecer tenía en su casa 39 esculturas, tal vez dispuestas para la venta directa, y más T12de 20 concluidas para satisfacer diferentes pedidos: un San Sebastián para D. Andrés de Urrutia y Soto, canónigo del Burgo de Osma; un San Antonio de Padua para D. Manuel García, arcediano de Aza; un San Antonio abad para José López Pina, vecino de Amusco; un San José para D. Pedro Martínez de Canencia. vecino de Ávila; un San Antonio para D. José Díez, vecino de Alcañices; un San Vicente Ferrer para el dominico fray Ángel Fernández y otro santo idéntico para fray Diego Jubera, también dominico de Palencia; otra efigie para el retablo de San Vicente Ferrer, pagada por el mismo cliente; un San Antonio de Padua para D. Francisco Galarza, vecino de Villabrágima; un Santo Cristo para D. Francisco Colmenero, cura de Vezdemarbán; unos ángeles para D. Nicolás Fernández Tarabilla, cura de Nava de Roa; unos ángeles para el arquitecto Gabriel Pérez; una escultura para el cura de Tamariz; 5 efigies para el prior de la Catedral de León; una Santa Ana para su cofradía de Palencia; varias efigies para el ensamblador palentino Gregorio Portilla; un Martirio de San Bartolomé para el cura de Palacios de Campos, etc.Cuando murió Tomás de Sierra en 1725, el taller familiar continuó trabajando muy activamente, dirigido seguramente por Francisco. En él permanecía José, el escultor, a quien en 1719 había casado su hermano cura con María Cornejo y Tomás, el pintor que contrajo matrimonio con Catalina Escobedo", mientras que Jacinto viviría en algún convento de su orden (Valladolid, El Abrojo, Ayllón). y Pedro en aquel momento, se encontraba ausente de Rioseco «trabajando en el oficio de escultor en las obras que S.M. está haciendo en el Real Sitio de Valsain.

 

 

biografiaautorestudanca

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DSC00387       Francisco Díez de Tudanca, nacido en Valladolid en 1616-1685/1689 (fecha probable de su muerte), hijo de Diego Díez de Tudanca y de María Gómez, contrajo matrimonio con Francisca Ezquerra en 1643. Imaginero castellano de reconocido prestigio, en un primer lugar se le incluye dentro de la escuela de Gregorio Fernández, pero no se puede asegurar con plena exactitud que pertenezca a la misma. La gran mayoría de su obra la localizamos en Valladolid (donde tenía su propio taller) y su provincia, sobre todo a mediados del siglo XVII, aunque también podemos destacar obras en Palencia, León y Segovia. Destacamos entre sus obras sobre todo escultura de tipo religiosa, como son: La Flagelación o el Azotamiento, perteneció a la cofradía de Nuestra Señora de la Pasión, las figuras están atribuidas a Francisco Díez de Tudanca y Antonio de Ribera, fechándose hacia 1650. El Calvario o Paso Nuevo de Nuestra Señora y San Juan, fechado en torno a 1650-1661 y relacionado con Francisco Díez de Tudanca, ambos pasos procesionales de Valladolid, también realizó retablos como el de la capilla mayor del convento de San Francisco (Valladolid) en 1675, ese mismo año se le encargó la remodelación del conjunto o paso de la Crucifixión (Medina de Rioseco), realizando sólo una única imagen perteneciente al centurión o sayón romano que escolta a Longinos a caballo en su parte izquierda.

     Oliveros

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       La Semana Santa de Medina de Rioseco destaca por el importante patrimonio procesional de gran calidad artística y belleza compositiva, al que se suma la particular forma de procesionar los pasos a hombros, la tradición de un pueblo y el A3arraigo en la manifestación de la religiosidad popular. Uno de esos artistas, motivo de este breve enunciado, es el escultor Andrés de Oliveros y Pesquera, artífice de la Crucifixión del Señor o comúnmente conocido como el paso de Longinos, en alusión al nombre del oficial romano, que subido al caballo, clava la lanza en el costado de Cristo. Junto con el paso de la Torre (Palencia) interviene en el retablo mayor de la Iglesia de San Martín, de Cristóbal Ruiz de Andino y Antonio de Villota en 1666 de Oliveros son, de 1672, el Calvario y un San Martín y el mendigo.

El ensamblador Juan de Medina Arguelles recomienda a la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad y Quinta Angustia de Medina de Rioseco, a Oliveros, para que haga el paso procesional de la Lanzada que dio Longinos a Nuestro Señor Jesucristo. Un encargo que le ocasionó diferentes contratiempos con la cofradía . En 1673 se firma el contrato en el que sale como fiador Juan de Medina Arguelles. La escena estaba compuesta por la Virgen María, San Juan y María Magdalena a los pies de la cruz de Cristo; Longinos a caballo y el mancebón que sujeta las riendas. El resultado final no debió convencer al cabildo por lo que piden a Francisco Diez de Tudanca que modifique el paso en 1675, e incluya un soldado.

A4No contentos con el resultado deciden recurrir al escultor Tómas de Sierra en 1696. El trabajo consistió en aligerar y componer las figuras, sustituir las esculturas de la Virgen María, María Magdalena y San Juan, y añadir un centurión. El resultado final es el paso procesional de la Crucifixión del Señor que cada año participa en la Procesión de la Soledad, la tarde de Viernes Santo.

En la Iglesia de Santiago de Rioseco se conserva el relieve de la Imposición de la casulla a San Ildefonso de 1674, en el que San Ildefonso arrodillado recibe la casulla de la Virgen ayudada por un ángel, en presencia de Santa Leocadia.

En Medina del Campo la Cofradía de las Angustias le encarga, en 1674, dos conjuntos procesionales: uno de siete figuras para el paso del Descendimiento de la Cruz , de la misma forma y hechura que el de Valladolid. El segundo, el paso de Jesús Nazareno con las esculturas de María, San Juan, Magdalena y un criado tocando la trompeta en proporción, estatura, medida y calidad del Nazareno de la Capilla de las Angustias. En la Colegiata de San Antolín, en el retablo dedicado a Nuestra Señora de la Soledad, hay dos esculturas de Santa María Magdalena y San Juan Evangelista, con el Nazareno, para formar parte del paso del Camino del Calvario. 

Olivares acepta el trabajo de Juan de Medina Arguelles de doce columnas salomónicas en 1679, sin que los datos aportados por Esteban García Chico esclarezcan su destino. También, este mismo historiador, atribuye los retablos colaterales de la Iglesia de Santa Cruz a Juan de Medina Arguelles y a Andrés de Oliveros. Del ensamblador Juan de Medina es también el retablo mayor de la iglesia, de 1663, en el que narra episodios de la vida del emperador Constantino y a la exaltación de la Cruz. Los dos retablos están dedicados: uno al Cristo de la Pasión, con relieves de la Oración del Huerto, la Flagelación, Calvario, Ecce Homo y el Beso de Judas. El retablo de la Piedad hace referencia a la Virgen. Con factura semejante al anterior presenta, rodeando la hornacina central, los relieves de la Circuncisión, Sepulcro, Descendimiento de la Cruz, Dolorosa y la Presentación del Niño en el templo.

 

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